domingo, 11 de octubre de 2026

El sismo que nos sacudió el alma: No aplacemos el amor

            Las mantas, la comida y el consuelo se necesitan hoy, no mañana; 
            aplazar la ayuda es ignorar nuestra propia historia.

 Por: Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

Han transcurrido más de 72 horas desde cuando la tranquilidad de los panameños se convirtió en un repentino ¡pum! En cuestión de segundos, la tierra tembló por 44 segundos y todas nuestras urgencias cotidianas quedaron reducidas a nada. Lo único que importó en ese instante fue saber si los nuestros estaban a salvo. Desde las 12:56 p.m. de aquel viernes 9 de octubre, no hubo ningún panameño que fuera inmune al miedo.

El epicentro del movimiento telúrico liberó una fuerza de magnitud 7.5 que provocó, de inmediato, pánico generalizado, daños severos en hogares y el derribo de infraestructuras críticas, tanto públicas e históricas como privadas. Esta situación, a medida que giran las manecillas del reloj, reclama la solidaridad de todos nosotros. Como bien advirtió el sacerdote de la Basílica de San Juan Bosco: "Solos no podemos". La salida exige que estemos todos unidos.

Es la hora en que nuestros hermanos, especialmente quienes perdieron sus techos, necesitan recuperar el sueño sin el constante temor a las réplicas que les hacen revivir los estruendos del sismo. La ayuda a los damnificados no se puede posponer para cuando la economía se estabilice o la calma regrese. Las toldas, las mantas, la comida, el consuelo, el tiempo, el cariño y el amor se necesitan hoy, no mañana.

Aplazar cualquier muestra de apoyo en plena emergencia es ignorar activamente el dolor que sufren aquellos hermanos del sur de Veraguas, de la península de Azuero y de otros sectores golpeados. Los daños materiales serán eventualmente reparados y reconstruidos con cemento; pero el tejido social de esos panameños afectados necesita levantarse con empatía y con una fuerza capaz de sacudirnos el alma para derribar la indiferencia. Esa empatía solo la podemos aportar nosotros.

Haciendo eco de las palabras del religioso de la Basílica de San Juan Bosco, "solos no podemos". La única salida real ante esta tragedia nacional no es el individualismo del sálvese quien pueda, sino el sentido comunitario del salvémonos juntos. Debemos cuidarnos unos a otros. El sismo vino a recordarnos que quienes hoy sufren no son ajenos a nuestra historia, y que el verdadero valor de Panamá está en los brazos que hoy se extienden para levantar al caído en Herrera, Los Santos y Veraguas.

Que Así Sea.

 https://x.com/Rrodriguez0750/status/2109395265883083023?s=20

sábado, 10 de octubre de 2026

 

"EL BLINDAJE DE NUESTRA SOBERANÍA: A 47 AÑOS DEL 1 DE OCTUBRE"

Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

El 1 de octubre de 1979 es una fecha imborrable para cada panameño. Es un hito histórico que significó la derogación de la perpetuidad de la presencia norteamericana en territorio de la República de Panamá, reemplazando el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 y eliminando para siempre el concepto de uso "a perpetuidad".

Han transcurrido 47 años de aquel día. Muchos vivimos la emoción de ese primer minuto de la entrada en vigencia de los tratados firmados por Omar Torrijos Herrera y Jimmy Carter. Los correos, los juzgados, la policía y los puertos pasaron a ejecutarse bajo la jurisdicción de Panamá; las leyes norteamericanas quedaron, por fin, sin efecto jurisdiccional foráneo.

Para el pueblo panameño, el camino liderado por Torrijos y su equipo negociador fue un largo proceso de diplomacia, sin levantar la voz ni caer en bravuconadas. Se identificó la raíz de una lucha generacional, teniendo como propósito la razón profunda de exigir justicia. Hubo un objetivo claro: demostrar que la verdad estuvo del lado panameño y que no existía motivo alguno para más tensiones que provocaran enfrentamientos con sangre, luto y dolor, como en efecto ocurrió el 9 de enero de 1964. Para el entonces líder en el poder, Omar Torrijos, la diplomacia era el lenguaje perfecto y el momento ideal para lograr un nuevo trato basado en el bienestar de ambas sociedades.

Los panameños estaban seguros de que el rumbo negociador demostraría nuestra responsabilidad para asumir este nuevo compromiso, y que transitar en tiempo por 23 kilómetros de transición para llegar al 31 de diciembre de 1999 era la meta definitiva.

Aquí es donde nos preguntamos qué fortaleza tienen esos instrumentos, luego de ese camino recorrido, para continuar adelante sin tropiezos en el futuro y sin decir adiós al pasado histórico de las relaciones de Panamá y Estados Unidos.

Torrijos y Carter dejaron como legado la validez bilateral del pacto, con una ratificación sustentada en los procedimientos constitucionales de cada país y respaldada por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Este marco jurídico constituyó un primer blindaje, producto de la madurez de ambos liderazgos. El segundo paso fue otorgarle fortaleza internacional a lo pactado mediante el Tratado de Neutralidad Permanente, el cual garantiza que la vía interoceánica permanezca abierta y segura para el tránsito pacífico de todas las naciones del mundo, bajo normas globales de igualdad y respeto mutuo.

La culminación de este proceso el 31 de diciembre de 1999, con la transferencia total de la administración y la retirada de las bases militares norteamericanas, demostró la eficacia y el respeto histórico al tratado a nivel global. Hoy se refleja que el protocolo de adhesión da mayor fuerza a una negociación que algunos quisieron frustrar; sin embargo, una gran mayoría consignó su voto de confianza en las negociaciones, en el pacto y en el futuro de un país con una soberanía cada vez más fuerte.

Panamá ganó un blindaje internacional gracias a la diplomacia y la neutralidad.


Publicado en METRO LIBRE/PANAMÁ  https://www.metrolibre.com/opinion/taipei-y-panama-dos-visiones-del-progreso-y-la-historia-JG26314841?fbclid=IwY2xjawU3nN1leHRuA2FlbQIxMQBwZG9mAXNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR6JcBk8vGM6NYZWxfXsOTPe-rgKszNsyGhKl88LL5EeHbp4vA1PeTpyWAol9w_aem_uAwwsBZoe90E1nzZTSxLuQ

 

Taipéi y Panamá: Dos visiones del progreso y la historia

Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

 A inicios de 1980, visité la República de China en Taiwán por invitación oficial para participar de la celebración del Día Nacional o el doble “10”, llamado así porque se conmemora el día 10 del mes 10 de cada año el Levantamiento de Wuchang.

Por aquel tiempo, Taiwán llevaba adelante un plan de diez megaobras como una respuesta audaz para modernizar la obsoleta infraestructura de la isla y contrarrestar la grave crisis petrolera de 1973. El plan emprendido por su presidente, Chiang Ching-kuo (q.e.p.d.) —persona a quien conocí personalmente—, fue un éxito que sentó las bases para el posterior desarrollo industrial. Este proceso fue llamado el "Milagro Económico de Taiwán", el cual transformó su economía manufacturera tradicional en el epicentro tecnológico y geopolítico de la economía global que motoriza al país.

A partir de los años 80, la demolición de infraestructuras antiguas imperiales y los proyectos de reurbanización transformaron la uniformidad gris tradicional en un espacio urbano dinámico y globalizado. Lo interesante para los panameños es que esto se hizo sin borrar el pasado ni la historia: el paisaje actual de Taipéi destaca por ser una metrópolis híbrida, donde los nuevos rascacielos conviven con calles históricas de la época imperial.

Aquí en Panamá, un grupo ambientalista se opuso —y las autoridades se amilanaron— a la construcción de vías de acceso entre la Ciudad de la Salud y la Ciudad del Saber, bajo el argumento de la existencia de un "camino real" por donde transitaban los españoles con la riqueza de América. Taipéi, en cambio, ha construido réplicas de su cultura, tradiciones y de aquellas antiguas infraestructuras imperiales para conservar y proteger su historia.

Panamá, desde el 13 de junio de 2017, no tiene relaciones diplomáticas con Taiwán debido a una ruptura para reconocer a la República Popular China bajo el principio de "una sola China". Desde entonces, hay presiones y advertencias de Pekín por la iniciativa soberana de un amplio sector de diputados que ha creado un grupo parlamentario de amistad con Taiwán.

Son 170 años de presencia china en Panamá, donde las raíces culturales de ambos pueblos se identifican e intercambian. Al pueblo chino en Panamá, igual que desde 1911, cuando se establecieron las relaciones diplomáticas, ¡felicidades! ¡Viva Taiwán!

(Publicado en Metro Libre/Panamá. https://www.metrolibre.com/opinion/taipei-y-panama-dos-visiones-del-progreso-y-la-historia-JG26314841?fbclid=IwY2xjawU3nN1leHRuA2FlbQIxMQBwZG9mAXNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR6JcBk8vGM6NYZWxfXsOTPe-rgKszNsyGhKl88LL5EeHbp4vA1PeTpyWAol9w_aem_uAwwsBZoe90E1nzZTSxLuQ

44 segundos que nos pusieron a prueba
¿Por qué Panamá resistió al sismo más fuerte en 144 años?
El precedente más oscuro se remonta al 7 de septiembre de 1882, cuando un sismo de 7.7 azotó las islas de San Blas —hoy Guna Yala— y generó un tsunami que cobró la vida de entre 700 y 2,000 indígenas.
Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ
Como creyente en la fe cristiana, coincido plenamente con mis familiares, amigos y vecinos, quienes manifestamos convencidos que la mano de Dios estuvo presente durante el terrible movimiento de tierra que sacudió el territorio panameño. Fueron 44 eternos segundos con una fuerza acumulada de 7.5 de magnitud en la escala de Richter.
En ese momento, me encontraba bajo los efectos de un medicamento para desinflamar mi columna vertebral. Me despertaron justo para el almuerzo; eran las 12:55 p.m. cuando bajé de la habitación. Justamente me disponía a ocupar mi puesto en la mesa cuando mi hija Ingridt me exclamó que estaba temblando. Al principio pensé que se refería a un malestar en mi propio cuerpo, pero la sensación del entorno y el tacto me confirmaron que era la tierra misma la que se sacudía.
Desde otro punto de la casa escuché: «¡Tiembla! ¡El agua se sale de las vasijas con el bailoteo!». Me levanté de inmediato y vi cómo las plantas ornamentales se movían con violencia. Nunca había vivido una experiencia semejante, sobre todo porque los segundos se sumaban hasta totalizar 44. «Qué largo», alcancé a decir. Anteriormente, y lo confieso desde mi jubilación, solo había sentido dos movimientos telúricos menores mientras descansaba en la hamaca de la terraza; aquellos me divirtieron por el suave vaivén de la tela sostenida entre las columnas estructurales de la residencia. Este escenario era completamente distinto.
Tan pronto como la tierra dejó de moverse, Ingridt consultó su celular y me informó que el sismo había sido de magnitud 7.7 con epicentro en Tonosí. «¡Uy, fue muy grande!», exclamé consternado. De inmediato le comenté que los daños debían ser severos, y que por el área de Coronado la situación debía ser terrible.
A partir de ese instante, mi pareja Ira, Ingridt y yo comenzamos a realizar llamadas desesperadas para saber de nuestros seres queridos. Dos de ellos trabajan en edificios altos en la capital. Recuperamos la tranquilidad al escuchar sus reportes: «Estamos bien». Sin embargo, las confirmaciones desde Santiago de Veraguas eran preocupantes. Mi sobrino Chichí me reportó, 50 minutos después del evento principal, que la tierra seguía temblando allá y que toda la familia permanecía fuera de la casa. Tratando de transmitirle serenidad, le infórmé: «Las réplicas van a continuar dándose por las próximas horas y al día siguiente. ¡Calma! Conduce a los tuyos».
En esta era de tecnología impresionante, las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Escuché a un experto desde Santiago de Chile analizar el fenómeno; llegaron voces de solidaridad, pero también de otros que especularon con la llegada de un tsunami, creando incertidumbre. Afortunadamente, los panameños tienden a informarse a través de las autoridades competentes y, de esa manera, mantienen la calma.
Muchos expresamos una profunda alegría y gratitud al ver que, a pesar de un terremoto de magnitud 7.5, no se reportaron pérdidas de vidas humanas, y que en la Ciudad de Panamá ningún rascacielos colapsó. Recordamos con tristeza cómo, recientemente, naciones hermanas como Venezuela y Colombia sufrieron catástrofes similares con saldos de miles de vidas perdidas y daños masivos en su infraestructura urbana.
Las gráficas globales nos revelaron hoy que, en lo que va del año 2026, un total de 12 terremotos han afectado a igual cantidad de países, todos con fuerzas superiores a los 7.0 grados. El sismo de Panamá ocupa el tercer lugar en intensidad con su magnitud de 7.5, superado únicamente por los eventos de Filipinas e Indonesia.
Los expertos gubernamentales confirmaron hoy que el sismo se originó a 23 kilómetros al norte de Tonosí, en la provincia de Los Santos, con una magnitud recalibrada de 7.5 y una profundidad somera de apenas 4 kilómetros. Detallaron, además, que el movimiento respondió a la fractura de la falla tectónica conocida como el sistema de falla Azuero-Tonosí.
Según los registros históricos, el terremoto de ayer, 9 de octubre de 2026, ha sido el más devastador en 144 años en el país sin registrar víctimas fatales. El precedente más oscuro se remonta al 7 de septiembre de 1882, cuando un sismo de 7.7 castigó las islas de San Blas —hoy Guna Yala— y generó un tsunami que cobró la vida de entre 700 y 2,000 indígenas. La historia de movimientos mortales también contabiliza el ocurrido el 22 de abril de 1991 en Bocas del Toro, con 23 fallecidos y daños en un millar de viviendas, así como el de Puerto Armuelles en 2003, que provocó la muerte de dos panameños.
Siempre se ha dicho popularmente que Panamá se encuentra a salvo de movimientos telúricos de gran magnitud. De hecho, la historia nos recuerda que la decisión final del Congreso de los Estados Unidos para construir el canal interoceánico por nuestra ruta, en lugar de Nicaragua, se basó firmemente en la estabilidad sísmica panameña. El gran símbolo de esa confianza fue el Arco Chato, ubicado en el Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá: una estructura testigo, ligera y resistente, que se mantuvo en pie demostrando que nuestra tierra sabe sostenerse ante los embates de la naturaleza. Hoy, tras salir ilesos de un coloso de 7.5, esa certeza histórica y nuestra fe se vuelven a dar la mano.


sábado, 19 de septiembre de 2026

 

  • 19/09/2026 00:00

Otra vez Colombia y su canal: ¿la amenaza del canal seco?

Cuando Panamá inició su proyecto de ampliación del canal interoceánico, Costa Rica aprovechó para consolidar su posición logística en el Caribe y reestructurar su salida al pacífico; mientras Colombia enfocó sus esfuerzos en robustecer su conectividad multipuerto (Atlántico y Pacífico) integrando tecnologías avanzadas.

Sin embargo, ambos países no tienen las ventajas de la República de Panamá que con la ampliación y construcción de un tercer juego de esclusas consolida la competitividad de la vía acuática y permite el paso de los buques de mayor tamaño, neopanamax.

Con esta triangulación de propósitos de Panamá, Colombia y Costa Rica, por ser países vecinos, tomando en cuenta que hay otras iniciativas ya en funcionamiento, como el canal seco de Tehuantepec en México, vale la pena poner atención que la posición geográfica panameña impone retomar iniciativas con celeridad y visión con mayor alcance.

El tercer juego de esclusas permite a los barcos panamax transitar por la vía acuática de océano a océano, pero también favoreció el programa logístico de Costa Rica y Colombia, mientras en Panamá discusiones estériles de índole política, jurídica y gremiales postergaron la construcción del puerto de Corozal; sin embargo, esta obra complementaria -que consolida la logística para el manejo de contenedores- no se ha descartado.

Costa Rica transformó su Terminal de Contenedores de Moín en el Caribe y Puerto Caldera en el Pacífico, y Colombia ha hecho lo mismo con Puerto Antioquia, Cartagena en el Caribe, Buenaventura en el Pacífico. Este último país ahora desempolva su proyecto de un canal por el Atrato, aunque en verdad el plan es un canal seco de 236 kilómetros de longitud por el Chocó que implica desafíos geológicos, financieros y el empleo de ingeniería tecnológica de última generación.

No estamos hablando de labor de orfebres, la ruta centenaria panameña, ha superado con la construcción de la vía acuática retos ambientales difíciles. Al final, cabe hacerse una pregunta inevitable: ¿es lo mismo transitar 80 kilómetros en 9 horas en un barco de océano a océano, que recorrer 236 kilómetros de vía férrea en 12 horas, interrumpiendo la cadena logística para descargar y volver a embarcar la mercancía en el extremo opuesto?

La economía de escala demuestra que ningún tren compite con el cruce marítimo directo. Para mantener este liderazgo, la Autoridad del Canal de Panamá debe actuar con celeridad en sus licitaciones respecto al puerto de Corozal y otros, continuar potenciando su ventaja centenaria y promover estudios que diversifiquen sus negocios. El Canal debe mantener el énfasis y la evolución para seguir siendo el motor del comercio mundial al servicio de la humanidad.


https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/otra-vez-colombia-y-su-canal-la-amenaza-del-canal-seco-LO25810586

domingo, 6 de septiembre de 2026

 

LOS TRATADOS TORRIJOS CARTER

DIGNIFICA A LOS HÉROES DE 1964


Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ

 

Cuando se firmaron los tratados Torrijos-Carter, aquel 7 de septiembre de 1977, aún no integraba ni lucía como prenda de vestir la profesión de comunicador social. Era un trabajador comunal dedicado a concienciar en un sector de San Miguelito sobre la importancia del bienestar colectivo, ayudando a que el propio habitante identificara sus problemas y encentraran soluciones.

En nuestras charlas pude captar el interés de la comunidad de José Domingo Espinar, por valorizar con orgullo, lo que se anunciaba con propiedad: el fin de un tratado que ningún panameño firmó, un 18 de noviembre de 1903, con el infame término a “perpetuidad”.

La alegría de la separación de Colombia pudo provocar festejo nacionalista pero lo que el francés firmó sin autoridad alguna, salvando sus acciones financieras, fue el inicio de un largo calvario en las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos de América y la incipiente república de Panamá.

Panamá, se vio obligada a entregar el control de una franja de su territorio, con interpretaciones unilaterales del tratado, forzando una quinta frontera e hiriendo la soberanía nacional.

Aquel, 7 de septiembre de 1977, fue un hito histórico, indudable. Fue lo que Omar Torrijos dijo en oportunidades sin disparos lograr una victoria sobre un socio gigante. Panamá se convirtió en el David de la era moderna logrando, la firma de los Tratados Torrijos-Carter mediante una estrategia diplomática multilateral, pacífica y de alta presión internacional.

En la sede de la Organización de Estados Americanos, con la presencia de los jefes de Estados y mandatarios de América Latina, cayó el enclave colonial, Panamá se compromete a mantener abierto el canal para todo el mundo y desaparecen las bases militares y los soldados norteamericanos se retiran nuestro territorio.

No debemos ver este hito como el sometimiento de una nación sobre otra. Fue el triunfo de la justicia que dignifica y honra a los héroes de 1964, y al mismo tiempo, el inicio de una alianza estratégica y respetuosa con los Estados Unidos, donde ambos pueblos ganamos, dejando atrás lo obsoleto.

El 7 de septiembre de 1977, Omar Torrijos y James Carter, firmaron este tratado canalero que adopta el apellido de ambos, y con los cuales se pintó el mapa geográfico de Panamá con un solo color, se recupera la soberanía y transfiere el Canal de Panamá hacia la humanidad.

viernes, 31 de julio de 2026

LA TAREA DE TORRIJOS, OTROS PODRAN CUMPLIRLA; IGUAL O PEOR PERO NO SUPERARLA.  

Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

La fecha del 31 de julio, ya no es tan emocionalmente recordada por muchos. Es una verdad de apuño, salvo que esté equivocado. Sin embargo, queda aún asociada aquella tarea histórica que Omar Torrijos Herrera emprendió, y terminó, y  pese a su ausencia física, esa tarea cumplida con el país, se refleja a nivel internacional la solidaridad de los más grandes, incluyendo a los Estados Unidos de América, que finalmente aprobó los Tratados Torrijos-Carter, y en el plano nacional, tras la invasión norteamericana de 1989, quienes se ensañaron políticamente en acabar y descuartizar su obra, hoy la reconocen, aún sin mencionar su nombre de pila, Omar Torrijos Herrera, y saben y respiran que logró recuperar nuestra soberanía, el canal es nuestro, nuestro territorio tomó una pintura de un solo color, Panamá; y la máxima en opinión y análisis histórico, un ideal de seres humanos con legado de libres, auténticos y más idénticos con democracia.

La inteligencia artificial consultada sobre mi persona dijo que Roberto Rolando Rodríguez, ha documentado y reflexionado desde su perspectiva generacional y periodística sobre el proceso político de aquella época, abarcando desde las protestas estudiantiles iniciales contra el régimen militar hasta el análisis del impacto político y social del torrijismo en la historia contemporánea de Panamá.

Por eso, hoy, en esta fecha del 31 de julio de 2026, recuerdo ese día de 1981, iniciaba un periodo de vacaciones en la ciudad de Santiago de Veraguas, y de pronto escucho en la alta voz de un almacén en la avenida central, la infausta noticia. Se me ordena de inmediato suspender las vacaciones y dirigirme hacia Penonomé. El aeropuerto doméstico de Penonomé era torbellino ese sábado, un mar de confusión, sirenas, militares corrían de un lado a otro, y poca información del mayor, Elías Castillo.

El lunes, muy temprano ya en ciudad de Panamá, abordamos una aeronave de la FAP con planes de vuelo a Cerro Marta, donde el Twint Other, #205 se había estrellado. En esa aeronave que abordamos por instrucción del vicepresidente De la Espriella, también viajaba entre otros el procurador, Olmedo Miranda, quien después de sobrevolar el área del siniestro, regresó a Penonomé y me invitó a bajar de la aeronave por razones de seguridad de Estado.

Una semana después regresamos, junto a otros periodistas nacionales, aterrizamos mediante una maniobra de apoyo parcial en un helipuerto improvisado en el lugar del siniestro bajo una fuerte brisa. Bajamos una ladera hasta llegar a los restos de la aeronave accidentada. Aún se sentía el olor de sangre humana.

Hace seis años, y para complementar la narración de aquel acontecimiento, escribí para La Verdad, este artículo que resumo en extractos, satisfecho de la tarea cumplida por Omar Torrijos Herrera, un panameño irrepetible cuyo legado se mantiene en una inmensa mayoría mientras otros continúan chocando con maniobras ocultas a sus ideales y traicionan sus postulados.



De Torrijos a General Omar Torrijos, con respeto

julio 31, 2020

La Verdad Panamá

Por Roberto Rolando RODRIGUEZ

A este señor Omar Torrijos Herrera, le adversé cuando dio el golpe de Estado en 1968. Era yo, estudiante del 5to año de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena.

 

Fuimos en marcha de protesta por la Avenida Central cuando nos interceptó, Agustín Barrios con su pelotón antimotines. Que engañado estaba yo sobre democracia y el ejercicio de gobernanza de los gamonales.

 

Me correspondió sub-dirigir la Asociación de Graduandos de la ENJDA y, además era miembro de la Asociación Federada de Estudiantes Normalista y mi amistad con Nelly Murgas permitió un acercamiento de ideas entre el golpe militar y el estilo de pobreza que nos conducía una supuesta democracia dirigida por los que siempre se repartían el poder en contra de la mayoría ciudadana.

 

Y así transcurrió mi evolución ciudadana; me gradué y quedé atrapado en el desempleo y el deseo de ayudar a mi madre, María Filomena, que luchó por mi educación secundaria.

 

Fui maestro comunal para el desarrollo comunitario, y yo no quería ser un ciudadano conformista sino comprometido con la patria. Entonces, Torrijos anunció la apertura de las puertas universitarias a los menos pudientes del cual pude ingresar. Para mí esto fue un logro popular y no un premio sacado del cofio. Fui a la Universidad de Panamá e ingresé a la Facultad de Comunicación Social.

 

Como periodista puse mi cualidad de reportero que me ha llevado a misiones nacionales e internacionales en importantes ciudades en Centroamérica, el Caribe, Estados Unidos y Asia y ocupar algunos escalones.

 

Al señor Torrijos Herrera al que llamo ahora General, le acompañé en algunos de sus patrullajes domésticos. Recuerdo Santa Fe de Veraguas, donde en un desfile de 3 de noviembre, se apareció, y estuvo con los niños que rendían honor a la patria. Allí, debajo de un palo de mango, luego los protocolas de fiestas patria, se le vio correr lágrimas por su mejilla cuando le preguntó a un niño campesino si había desayunado, y la respuesta fue no. Esa escuela, igual que mucha otras, le fue dotada de comedor escolar con su respectivo producto alimenticio del área.

 

En rio Hato, Farallón participé en una de sus conferencias de prensa para hablar de la Paz de Centroamérica. Allí Torrijos reiteró su anhelo de paz para la región y declaro “ni una sola bala he enviado a El Salvador” en rechazo al papel de Estados Unidos y Cuba en los suministros de armas para derramar sangre.

 

Un domingo, muy temprano hacia recorrido por algunos puntos de noticias y siempre desayunaba en la cafetería del aeropuerto de Paitilla. De pronto, una caravana. Era el vicepresidente, Ricardo de la Espriella. Se dirigía a un compromiso en Capira donde había una residencia campestre presidencial. De pronto me hace señas y me dice acompáñanos. Abordamos el helicóptero y cuando llegamos se trataba de una reunión con una delegación de 100 empresarios e inversionistas japoneses con el general Torrijos. Además de la agenda económica de inversión el interés japonés por un canal a nivel del mar. Terminada la reunión el general Torrijos invita a los importantes visitantes a sobrevolar y posar sobre un pico de montaña que luego se bautizó con el nombre Cerro Nagano. Era cerca La Chorrera desde donde se divisaba el mar Caribe y el océano Pacífico que describía la ruta 10 para un posible canal a nivel. Que primicia obtuve.

Finalmente, estuve en aquel momento amargo de dar cobertura a la operación rescate de su cuerpo, tras el accidente aéreo del Twins other y sobre volar el cerro Marta o Juan Julio aquel fatídico 31 de julio de 1981.