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Ignorancia cultural

La ignorancia cultural ha tocado el límite municipal de los distritos Panamá y Arraiján, justamente ante dos íconos de nuestro país, el Canal y el Puente de las Américas.
Lo ocurrido en la oscuridad la noche del sábado, es lo más grave y estúpido que se ha experimentado por una decisión absurda, horrible, inconsecuente, indignante, y claro ejemplo de un analfabetismo histórico de un funcionario municipal al servicio de la comuna.
Lo hecho por la alcaldesa de Arraiján, Stephany Peñalba, no tiene explicación alguna, y no me sonrojo al calificarlo como una decisión estúpida asumida en su vida pública, por ser un acto repudiable.
Desde que asumió la silla alcaldesca, el puerco ya venía torciendo el rabo, y se sostuvo reuniones con grupos interesados que propusieron la renovación del monumento y presentaron una propuesta de mantenimiento, sin embargo, no hubo respuesta por parte de la burgomaestre arraijaneña.
No fue una simple estructura física la que se derribó, sino todo un símbolo histórico y cultural que representa el aporte de la comunidad china al desarrollo de Panamá, que desde anoche mismo, y de forma espontánea, los panameños reconocen con agradecimiento a una cultura, cuya presencia no es en vano ni vaga sino productiva.
El impacto de lo ocurrido es mayor en todo sentido de la palabra, más de siglo y medio de presencia china en Panamá, no puede ser ignorado ni tampoco considerado un papel arrugado que se tira a una canasta de basura.
Que la estructura física del monumento tenía deterioro, no es una excusa. Desde hace más de 40 años la plataforma de rodaje vehicular del Puente de las Américas, se convierte en cráteres peligrosos, entonces, ¿por que no se derriba?
La participación china en Panamá comenzó en 1854 con la construcción del ferrocarril y luego el Canal, siendo mano de obra esencial. Se integraron al comercio, estableciendo tiendas y restaurantes que se volvieron pilares económicos y enriquecieron la gastronomía local. Ellos impusieron el “fiao” en sus abarroterías, un crédito mínimo al letal que permitió llevar comida a la mesa de muchos panameños.
Han tenido sus altas y sus bajas, se les declaró por ley, en 1903, «ciudadanos indeseables», y, para colmo, Arnulfo Arias les impidió convertirse en ciudadanos panameños, pero su paciencia, sabiduría e inteligencia no los detuvo. Allí estaba el monumento que resumía su cultura y perseverancia.
Un mar de confusión reina sobre este hecho. El impacto de lo ocurrido es mayor en todo sentido de la palabra, más de siglo y medio de presencia china en Panamá, no puede ser ignorado ni tampoco considerado un papel arrugado que se tira a una canasta de basura. Reparar el daño contra la comunidad china, es difícil lograrlo con disculpas, porque no se trata de una herida que requiere sanarla con sal.