martes, 21 de julio de 2015

La Escuela Normal de Santiago y Juan Demóstenes Arosemena


Opinión

Columnistas
Juan Demóstenes Arosemena, en el lugar indicado (I)
.Quienes escriben biografías lo definen como un hombre: firme, progresista y patriótico.
Roberto Rolando Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa
El 5 de junio de 1938 fue una fecha de mucha importancia para la provincia de Veraguas. Allí se da un acontecimiento que se combina con realidad y con la interpretación literaria de Ignacio de Jesús Valdés y otros ilustres hombres de la literatura y las artes.
Setenta y siete años después, vuelve a la memoria de los veragüenses el innovador y revolucionario Juan Demóstenes Arosemena, el hombre que en su pensamiento le da la importancia al interior de la República y convierte a Santiago de Veraguas en la capital de cultura y enseñanza en un ambiente propio.
Juan Demóstenes Arosemena, un político y escritor panameño ganó las elecciones de 1936 y no fue nada fácil consolidar su triunfo, pues el grito de siempre en los perdedores de aquellos tiempos era: ‘Fraude'.
Quienes escriben biografías lo definen como un hombre: firme, progresista y patriótico.
Nada más convincente de estas tres cualidades, es que su gestión comienza con la idea de trasladar la Escuela Normal de Institutoras, pese a los escollos con los educandos, docentes y administrativos.
Para Arosemena, un maestro formado en nuevos centros, allegados a su misma concepción, se identificaría mucho más con el ambiente y vendría a ser el principal motor en el desarrollo de una nueva concepción del concepto cambiante de la educación.
La edificación, considerada en aquellos tiempos como una locura, estuvo a cargo del ingeniero constructor Luis Caselli, cuyas primeras paladas se dieron en un llano extenso.
El área total del terreno era de 42 500 metros cuadrados, de los cuales 3921 se destinaron para dormitorios, 4123 para edificios de enseñanza, 870 para las casas del director subdirector y profesores, 518 dedicados a pasillos.
Para aquellos tiempos, los pobladores dieron como significado a esa extensión de llanos el indicativo de tesoros escondidos, que saldrían a la superficie en algún momento. De allí la leyenda de la luz del llano. 

Juan Demóstenes Arosemena, en el lugar indicado (II)
.La escuela estaba diseñada para 1200 estudiantes y su primera matrícula fue de 864 jóvenes de ambos sexos
Roberto Rolando Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa
El periodista Ignacio de J. Valdés, en su famoso cuento ‘La luz del llano', mencionaba que dicha luz vagaba por la eternidad, pero que ahora se había convertido en la Normal de Santiago y su peregrinaje eterno había terminado. La escuela estaba diseñada para 1200 estudiantes y su primera matrícula fue de 864 jóvenes de ambos sexos, de los cuales 536 eran señoritas internas y 91 varones.
Al acto de inauguración asistieron cerca de 12 000 personas en su mayoría visitantes. El primer mandatario, en su discurso manifestó que la obra era la vuelta al interior de la República y su incorporación a la vida moderna y al progreso. ‘Es la liberación del interior', sentenció.
Setenta y siete años después, se da, no un acto de justicia, sino un acontecimiento indicado e histórico. Los restos mortales exhumados por la familia Arosemena fueron convertidos en cenizas y esas cenizas depositas en una bóveda convertida en Mausoleo, ubicado frente a la fachada de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, obra que él construyó para la formación de educadores para todo el país.
Hoy, Juan Demóstenes Arosemena estará presente con luz radiante, y continua también dominando el espacio de la defensa, en el frente de batalla, el indomable cacique Urracá, que irradia el contagio de la rebeldía contra opresión, la ignorancia y el dominio. Cientos de veragüenses recibieron el ataúd que contenía la urna con las cenizas mortales y las mismas fueron exhibidas en la Catedral de Santiago de Veraguas, en capilla ardiente, actos que se enmarcaron en una ceremonia de Estado.
Juan Demóstenes Arosemena, el octavo presidente de Panamá, tuvo una hoja de servicio edificante en nuestro país, desde canciller, presidente, jurista de mucha inteligencia, que marcó su labor de estadista. Además de construir la normal de Santiago, se reconoce que equipó la Policía Nacional de las armas para cumplir con su labor, creó el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja, el estadio de nacional de béisbol y en Coclé dejó sus huellas de progreso.
Razón tienen sus familiares y, por su puesto, los veragüenses, que sus cenizas mortales estén en esa escuela, la que será, desde este momento, su residencia permanente. Allí, se le quiere y se le recuerda tres veces al año: el 5 de junio, fundación de la escuela, el 2 de noviembre, día de los difuntos y el 16 de diciembre fecha de su deceso. Brillante idea trasladar al lugar indicado sus restos convertidos en cenizas, y con ello el cariño que se le tiene consagra mi alma máter. Este acontecimiento, es para los veragüenses un agradecimiento para con un hombre estadista con su historia.
‘Normal augusta, templo sagrado,
fuente inefable de inspiración;
faro y antorcha, sol esplendente,
de nuestra Patria la redención'.
PERIODISTA


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