viernes, 31 de julio de 2026

LA TAREA DE TORRIJOS, OTROS PODRAN CUMPLIRLA; IGUAL O PEOR PERO NO SUPERARLA.  

Por Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

La fecha del 31 de julio, ya no es tan emocionalmente recordada por muchos. Es una verdad de apuño, salvo que esté equivocado. Sin embargo, queda aún asociada aquella tarea histórica que Omar Torrijos Herrera emprendió, y terminó, y  pese a su ausencia física, esa tarea cumplida con el país, se refleja a nivel internacional la solidaridad de los más grandes, incluyendo a los Estados Unidos de América, que finalmente aprobó los Tratados Torrijos-Carter, y en el plano nacional, tras la invasión norteamericana de 1989, quienes se ensañaron políticamente en acabar y descuartizar su obra, hoy la reconocen, aún sin mencionar su nombre de pila, Omar Torrijos Herrera, y saben y respiran que logró recuperar nuestra soberanía, el canal es nuestro, nuestro territorio tomó una pintura de un solo color, Panamá; y la máxima en opinión y análisis histórico, un ideal de seres humanos con legado de libres, auténticos y más idénticos con democracia.

La inteligencia artificial consultada sobre mi persona dijo que Roberto Rolando Rodríguez, ha documentado y reflexionado desde su perspectiva generacional y periodística sobre el proceso político de aquella época, abarcando desde las protestas estudiantiles iniciales contra el régimen militar hasta el análisis del impacto político y social del torrijismo en la historia contemporánea de Panamá.

Por eso, hoy, en esta fecha del 31 de julio de 2026, recuerdo ese día de 1981, iniciaba un periodo de vacaciones en la ciudad de Santiago de Veraguas, y de pronto escucho en la alta voz de un almacén en la avenida central, la infausta noticia. Se me ordena de inmediato suspender las vacaciones y dirigirme hacia Penonomé. El aeropuerto doméstico de Penonomé era torbellino ese sábado, un mar de confusión, sirenas, militares corrían de un lado a otro, y poca información del mayor, Elías Castillo.

El lunes, muy temprano ya en ciudad de Panamá, abordamos una aeronave de la FAP con planes de vuelo a Cerro Marta, donde el Twint Other, #205 se había estrellado. En esa aeronave que abordamos por instrucción del vicepresidente De la Espriella, también viajaba entre otros el procurador, Olmedo Miranda, quien después de sobrevolar el área del siniestro, regresó a Penonomé y me invitó a bajar de la aeronave por razones de seguridad de Estado.

Una semana después regresamos, junto a otros periodistas nacionales, aterrizamos mediante una maniobra de apoyo parcial en un helipuerto improvisado en el lugar del siniestro bajo una fuerte brisa. Bajamos una ladera hasta llegar a los restos de la aeronave accidentada. Aún se sentía el olor de sangre humana.

Hace seis años, y para complementar la narración de aquel acontecimiento, escribí para La Verdad, este artículo que resumo en extractos, satisfecho de la tarea cumplida por Omar Torrijos Herrera, un panameño irrepetible cuyo legado se mantiene en una inmensa mayoría mientras otros continúan chocando con maniobras ocultas a sus ideales y traicionan sus postulados.



De Torrijos a General Omar Torrijos, con respeto

julio 31, 2020

La Verdad Panamá

Por Roberto Rolando RODRIGUEZ

A este señor Omar Torrijos Herrera, le adversé cuando dio el golpe de Estado en 1968. Era yo, estudiante del 5to año de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena.

 

Fuimos en marcha de protesta por la Avenida Central cuando nos interceptó, Agustín Barrios con su pelotón antimotines. Que engañado estaba yo sobre democracia y el ejercicio de gobernanza de los gamonales.

 

Me correspondió sub-dirigir la Asociación de Graduandos de la ENJDA y, además era miembro de la Asociación Federada de Estudiantes Normalista y mi amistad con Nelly Murgas permitió un acercamiento de ideas entre el golpe militar y el estilo de pobreza que nos conducía una supuesta democracia dirigida por los que siempre se repartían el poder en contra de la mayoría ciudadana.

 

Y así transcurrió mi evolución ciudadana; me gradué y quedé atrapado en el desempleo y el deseo de ayudar a mi madre, María Filomena, que luchó por mi educación secundaria.

 

Fui maestro comunal para el desarrollo comunitario, y yo no quería ser un ciudadano conformista sino comprometido con la patria. Entonces, Torrijos anunció la apertura de las puertas universitarias a los menos pudientes del cual pude ingresar. Para mí esto fue un logro popular y no un premio sacado del cofio. Fui a la Universidad de Panamá e ingresé a la Facultad de Comunicación Social.

 

Como periodista puse mi cualidad de reportero que me ha llevado a misiones nacionales e internacionales en importantes ciudades en Centroamérica, el Caribe, Estados Unidos y Asia y ocupar algunos escalones.

 

Al señor Torrijos Herrera al que llamo ahora General, le acompañé en algunos de sus patrullajes domésticos. Recuerdo Santa Fe de Veraguas, donde en un desfile de 3 de noviembre, se apareció, y estuvo con los niños que rendían honor a la patria. Allí, debajo de un palo de mango, luego los protocolas de fiestas patria, se le vio correr lágrimas por su mejilla cuando le preguntó a un niño campesino si había desayunado, y la respuesta fue no. Esa escuela, igual que mucha otras, le fue dotada de comedor escolar con su respectivo producto alimenticio del área.

 

En rio Hato, Farallón participé en una de sus conferencias de prensa para hablar de la Paz de Centroamérica. Allí Torrijos reiteró su anhelo de paz para la región y declaro “ni una sola bala he enviado a El Salvador” en rechazo al papel de Estados Unidos y Cuba en los suministros de armas para derramar sangre.

 

Un domingo, muy temprano hacia recorrido por algunos puntos de noticias y siempre desayunaba en la cafetería del aeropuerto de Paitilla. De pronto, una caravana. Era el vicepresidente, Ricardo de la Espriella. Se dirigía a un compromiso en Capira donde había una residencia campestre presidencial. De pronto me hace señas y me dice acompáñanos. Abordamos el helicóptero y cuando llegamos se trataba de una reunión con una delegación de 100 empresarios e inversionistas japoneses con el general Torrijos. Además de la agenda económica de inversión el interés japonés por un canal a nivel del mar. Terminada la reunión el general Torrijos invita a los importantes visitantes a sobrevolar y posar sobre un pico de montaña que luego se bautizó con el nombre Cerro Nagano. Era cerca La Chorrera desde donde se divisaba el mar Caribe y el océano Pacífico que describía la ruta 10 para un posible canal a nivel. Que primicia obtuve.

Finalmente, estuve en aquel momento amargo de dar cobertura a la operación rescate de su cuerpo, tras el accidente aéreo del Twins other y sobre volar el cerro Marta o Juan Julio aquel fatídico 31 de julio de 1981.


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