Noviembre en pausa: De la fragilidad telúrica a la resiliencia patriótica
por Roberto Rolando Rodríguez
Es una
situación de gravedad: es la tercera vez en 123 años que el país no festeja sus
fiestas patrias por la separación del 3 de noviembre de 1903 de la República de
Colombia, a la que se había integrado como parte de la Nueva Granada en 1831. La primera vez que estas
festividades se suspendieron fue por las inundaciones en Chepo; luego, por la
pandemia de la COVID-19; y ahora, por el demoledor terremoto del pasado 9 de
octubre.
Aquel 3 de noviembre de 1903,
nuestros próceres, de forma muy silenciosa, realizaron su labor de liberación
en un escenario caracterizado por la tensión militar y un júbilo popular que se
concretó, definitivamente, al caer el atardecer de ese glorioso día con la
proclama oficial de la separación. La historia registra hechos y momentos
felices, pero también —por qué no decirlo— frustrantes. Mientras en el istmo se
celebraba la separación, un hombre nacido en Francia, Philippe Bunau-Varilla,
negociaba desesperadamente con Washington la construcción de un canal
interoceánico, comprometiendo nuestra soberanía nacional al otorgar tierras
para la obra y para fortificaciones militares.
Tuvieron que pasar siete décadas
para que ese tratado, que ningún panameño firmó, fuera abrogado por un nuevo
acuerdo Torrijos Carter en 1977, el cual devolvió la plena soberanía sobre todo
el territorio, pintándolo de un solo color con la reversión de la vía acuática.
Hoy, 123 años después, la
conmemoración del legado de Manuel Amador Guerrero, José Agustín Arango y otros
próceres continúa vigente. Sin embargo, esta vez no se manifiesta con el
habitual jolgorio popular, aunque sí con el mismo fervor patriótico y la
autenticidad que caracterizan al panameño. Esta fecha está marcada por el trago
amargo que dejó aquel terrible terremoto de 44 segundos, el cual transformó
nuestra actitud frente a la fragilidad telúrica del territorio, infundiendo una
profunda sensación de alerta ante el peligro.
Es cierto
que «Panamá se construye cada día». En esta hora de reconstrucción de los daños
causados por el sismo, vale la pena recordar y hay coincidencia con las
palabras del mandatario José Raúl Mulino: «Vamos a superar todo esto que
vivimos y nos vamos a levantar». Así ha quedado demostrado con la unidad
inquebrantable de todos los panameños hacia aquellos que sufrieron, y con la
disposición nacional de integrarnos a los adelantos de la tecnología moderna.
Hoy más que nunca se necesitan nuevas reglas: la responsabilidad tecnológica y
de prevención debe ser compartida de manera estricta entre el gobierno y la
ciudadanía civil. Esto requiere pasar de la preocupación a la acción
organizada; después de todo, la clave de la supervivencia y la resiliencia no
es el pánico, sino la anticipación.
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