martes, 3 de noviembre de 2026

 Noviembre en pausa: De la fragilidad telúrica a la resiliencia patriótica

por Roberto Rolando Rodríguez

Es una situación de gravedad: es la tercera vez en 123 años que el país no festeja sus fiestas patrias por la separación del 3 de noviembre de 1903 de la República de Colombia, a la que se había integrado como parte de la Nueva Granada en 1831. La primera vez que estas festividades se suspendieron fue por las inundaciones en Chepo; luego, por la pandemia de la COVID-19; y ahora, por el demoledor terremoto del pasado 9 de octubre.

Aquel 3 de noviembre de 1903, nuestros próceres, de forma muy silenciosa, realizaron su labor de liberación en un escenario caracterizado por la tensión militar y un júbilo popular que se concretó, definitivamente, al caer el atardecer de ese glorioso día con la proclama oficial de la separación. La historia registra hechos y momentos felices, pero también —por qué no decirlo— frustrantes. Mientras en el istmo se celebraba la separación, un hombre nacido en Francia, Philippe Bunau-Varilla, negociaba desesperadamente con Washington la construcción de un canal interoceánico, comprometiendo nuestra soberanía nacional al otorgar tierras para la obra y para fortificaciones militares.

Tuvieron que pasar siete décadas para que ese tratado, que ningún panameño firmó, fuera abrogado por un nuevo acuerdo Torrijos Carter en 1977, el cual devolvió la plena soberanía sobre todo el territorio, pintándolo de un solo color con la reversión de la vía acuática.

Hoy, 123 años después, la conmemoración del legado de Manuel Amador Guerrero, José Agustín Arango y otros próceres continúa vigente. Sin embargo, esta vez no se manifiesta con el habitual jolgorio popular, aunque sí con el mismo fervor patriótico y la autenticidad que caracterizan al panameño. Esta fecha está marcada por el trago amargo que dejó aquel terrible terremoto de 44 segundos, el cual transformó nuestra actitud frente a la fragilidad telúrica del territorio, infundiendo una profunda sensación de alerta ante el peligro.

Es cierto que «Panamá se construye cada día». En esta hora de reconstrucción de los daños causados por el sismo, vale la pena recordar y hay coincidencia con las palabras del mandatario José Raúl Mulino: «Vamos a superar todo esto que vivimos y nos vamos a levantar». Así ha quedado demostrado con la unidad inquebrantable de todos los panameños hacia aquellos que sufrieron, y con la disposición nacional de integrarnos a los adelantos de la tecnología moderna. Hoy más que nunca se necesitan nuevas reglas: la responsabilidad tecnológica y de prevención debe ser compartida de manera estricta entre el gobierno y la ciudadanía civil. Esto requiere pasar de la preocupación a la acción organizada; después de todo, la clave de la supervivencia y la resiliencia no es el pánico, sino la anticipación.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario