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Omar Torrijos Herrera y la ampliación del Canal de Panamá
sábado 1 de agosto de 2015 - 12:00 a.m. Dentro de ocho meses, Panamá nuevamente será centro de la información mundial.
Dentro de ocho meses, Panamá nuevamente será centro de la información mundial. Un barco neo-Panamá iniciará una travesía por el atajo más importante de la navegación marítima y transitará las dos nuevas esclusas de alto nivel, que mantendrá las puertas abiertas a la humanidad para su comercio mundial. Es inimaginable este acontecimiento al que podemos dar por hecho, partiendo de la premisa de que las obras están en culminación y en etapas de pruebas primarias.
No me hubiera imaginado de nuestra capacidad para manejar, administrar con eficiencia y efectividad esta vía acuática internacional, si no me remonto a aquel 9 y 10 de Enero de 1964, cuando los sucesos nos dejaron un saldo de una veintena de muertos y cientos de heridos, productos de un reclamo justo sobre la devolución de nuestra soberanía, fin a la presencia colonial, con un Estado dentro de otro Estado sustentado en ‘un tratado que ningún panameño firmó'.
De este hecho histórico, la determinación nacional reitera toda lucha generacional, antes y después de 1964. No era un ruido comunicacional, sino realidad y que EE.UU. reconociera con mayor conciencia que para hablar de buena vecindad, los panameños tenían que compartir los beneficios económicos derivados del Canal y el derecho a disfrutar de las ventajas de su posición geográfica.
Con esa precisión y puntual, la historia da un giro ante el fracaso de la clase política que, sumisa a los socios del norte, no miraba con perspectiva que había que resolver los conflictos que surgieron con EE.UU. aquel 18 de noviembre de 1903.
Ese vacío político pone a un hombre nacido en la ciudad de Santiago de Veraguas, el 13 de febrero de 1929, en el lugar y el momento adecuado. Nadie pone en duda que su llegada al poder fue un golpe de Estado. Y nadie podría justificar como soportable la clase política del entonces y recomendable para los objetivos de nación.
Ese hombre, Omar Torrijos Herrera, encontró a un grupo de normalistas opuestos a su golpe y salimos y fuimos dispersados. Escapamos y seguimos diciendo ‘no', pero la historia nos fue dibujando confianza y seguridad sin claroscuros sospechosos hacia que nuestra identidad nacional no andaría de tumbo en tumbo.
No fuimos al exilio, porque nuestro exilio era la pobreza que nos rodeaba. Fuimos testigos de muchas anécdotas con campesinos de Veraguas e inclusive el único civil que hizo una grabación en ‘el tiempo del Comandante' para clausurar el primer seminario para 54 tenientes de la Guardia Nacional.
Un 31 de julio de 1981, primer día de vacaciones del año en curso, llegué a Santiago y cuando caminaba por mi avenida central, en el altavoz de una bocina de un almacén, la infausta noticia. Mi director Rolando Trelles suspende mis vacaciones y ordena dirigirme a Penonomé. Fui el primer periodista en sobrevolar el área del siniestro y días después logramos juntos con otros colegas llegar al mismo lugar de la catástrofe, a través de un improvisado helipuerto.
El empeño por pintar el mapa geográfico de Panamá con un solo color, recuperar la soberanía y transferir el Canal de Panamá, y lograrlo el 7 de septiembre de 1997, mediante la firma de los Tratados del Canal con el presidente Jimmy Carter, es una obra que no se puede negar con mezquindad. Un código laboral, soluciones habitacionales, responsabilidad social, ingreso de la clase media en forma masiva al derecho de la educación universitaria, escuelas básica generales, vías de comunicaciones, asentamientos campesinos productivos marcaron iniciativas gubernamentales.
Otras obras como el Gimnasio Nuevo Panamá, el Estadio Revolución, Aeropuerto de Tocumen, Atlapa, autopista de Panamá-La Chorrera; el Puerto Pesquero de Vacamonte, el Centro Bancario Nacional, Ingenio La Victoria, nacionalizar la Compañía Fuerza y Luz y crear el Instituto de Recursos Humanos y Electrificación (IRHE) plantean el norte nacional.
Cerro Marta, se colocó el 31 de julio de 1981 en medio de su aeronave DeHavilland Twin Otter; sin embargo, hay que ver que fue el único que panameñizó el canal y también panameñizó el país.
Hoy, el canal ampliado cumple con la humanidad y significa un reto de competitividad y, por supuesto, generará ingresos por los peajes.
‘Cuando el que manda pierde la razón, el que obedece pierde el respeto', Omar Torrijos Herrera.
PERIODISTA
No me hubiera imaginado de nuestra capacidad para manejar, administrar con eficiencia y efectividad esta vía acuática internacional, si no me remonto a aquel 9 y 10 de Enero de 1964, cuando los sucesos nos dejaron un saldo de una veintena de muertos y cientos de heridos, productos de un reclamo justo sobre la devolución de nuestra soberanía, fin a la presencia colonial, con un Estado dentro de otro Estado sustentado en ‘un tratado que ningún panameño firmó'.
De este hecho histórico, la determinación nacional reitera toda lucha generacional, antes y después de 1964. No era un ruido comunicacional, sino realidad y que EE.UU. reconociera con mayor conciencia que para hablar de buena vecindad, los panameños tenían que compartir los beneficios económicos derivados del Canal y el derecho a disfrutar de las ventajas de su posición geográfica.
Con esa precisión y puntual, la historia da un giro ante el fracaso de la clase política que, sumisa a los socios del norte, no miraba con perspectiva que había que resolver los conflictos que surgieron con EE.UU. aquel 18 de noviembre de 1903.
Ese vacío político pone a un hombre nacido en la ciudad de Santiago de Veraguas, el 13 de febrero de 1929, en el lugar y el momento adecuado. Nadie pone en duda que su llegada al poder fue un golpe de Estado. Y nadie podría justificar como soportable la clase política del entonces y recomendable para los objetivos de nación.
Ese hombre, Omar Torrijos Herrera, encontró a un grupo de normalistas opuestos a su golpe y salimos y fuimos dispersados. Escapamos y seguimos diciendo ‘no', pero la historia nos fue dibujando confianza y seguridad sin claroscuros sospechosos hacia que nuestra identidad nacional no andaría de tumbo en tumbo.
No fuimos al exilio, porque nuestro exilio era la pobreza que nos rodeaba. Fuimos testigos de muchas anécdotas con campesinos de Veraguas e inclusive el único civil que hizo una grabación en ‘el tiempo del Comandante' para clausurar el primer seminario para 54 tenientes de la Guardia Nacional.
Un 31 de julio de 1981, primer día de vacaciones del año en curso, llegué a Santiago y cuando caminaba por mi avenida central, en el altavoz de una bocina de un almacén, la infausta noticia. Mi director Rolando Trelles suspende mis vacaciones y ordena dirigirme a Penonomé. Fui el primer periodista en sobrevolar el área del siniestro y días después logramos juntos con otros colegas llegar al mismo lugar de la catástrofe, a través de un improvisado helipuerto.
El empeño por pintar el mapa geográfico de Panamá con un solo color, recuperar la soberanía y transferir el Canal de Panamá, y lograrlo el 7 de septiembre de 1997, mediante la firma de los Tratados del Canal con el presidente Jimmy Carter, es una obra que no se puede negar con mezquindad. Un código laboral, soluciones habitacionales, responsabilidad social, ingreso de la clase media en forma masiva al derecho de la educación universitaria, escuelas básica generales, vías de comunicaciones, asentamientos campesinos productivos marcaron iniciativas gubernamentales.
Otras obras como el Gimnasio Nuevo Panamá, el Estadio Revolución, Aeropuerto de Tocumen, Atlapa, autopista de Panamá-La Chorrera; el Puerto Pesquero de Vacamonte, el Centro Bancario Nacional, Ingenio La Victoria, nacionalizar la Compañía Fuerza y Luz y crear el Instituto de Recursos Humanos y Electrificación (IRHE) plantean el norte nacional.
Cerro Marta, se colocó el 31 de julio de 1981 en medio de su aeronave DeHavilland Twin Otter; sin embargo, hay que ver que fue el único que panameñizó el canal y también panameñizó el país.
Hoy, el canal ampliado cumple con la humanidad y significa un reto de competitividad y, por supuesto, generará ingresos por los peajes.
‘Cuando el que manda pierde la razón, el que obedece pierde el respeto', Omar Torrijos Herrera.
PERIODISTA
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