domingo, 11 de octubre de 2026

El sismo que nos sacudió el alma: No aplacemos el amor

            Las mantas, la comida y el consuelo se necesitan hoy, no mañana; 
            aplazar la ayuda es ignorar nuestra propia historia.

 Por: Roberto Rolando RODRÍGUEZ.

Han transcurrido más de 72 horas desde cuando la tranquilidad de los panameños se convirtió en un repentino ¡pum! En cuestión de segundos, la tierra tembló por 44 segundos y todas nuestras urgencias cotidianas quedaron reducidas a nada. Lo único que importó en ese instante fue saber si los nuestros estaban a salvo. Desde las 12:56 p.m. de aquel viernes 9 de octubre, no hubo ningún panameño que fuera inmune al miedo.

El epicentro del movimiento telúrico liberó una fuerza de magnitud 7.5 que provocó, de inmediato, pánico generalizado, daños severos en hogares y el derribo de infraestructuras críticas, tanto públicas e históricas como privadas. Esta situación, a medida que giran las manecillas del reloj, reclama la solidaridad de todos nosotros. Como bien advirtió el sacerdote de la Basílica de San Juan Bosco: "Solos no podemos". La salida exige que estemos todos unidos.

Es la hora en que nuestros hermanos, especialmente quienes perdieron sus techos, necesitan recuperar el sueño sin el constante temor a las réplicas que les hacen revivir los estruendos del sismo. La ayuda a los damnificados no se puede posponer para cuando la economía se estabilice o la calma regrese. Las toldas, las mantas, la comida, el consuelo, el tiempo, el cariño y el amor se necesitan hoy, no mañana.

Aplazar cualquier muestra de apoyo en plena emergencia es ignorar activamente el dolor que sufren aquellos hermanos del sur de Veraguas, de la península de Azuero y de otros sectores golpeados. Los daños materiales serán eventualmente reparados y reconstruidos con cemento; pero el tejido social de esos panameños afectados necesita levantarse con empatía y con una fuerza capaz de sacudirnos el alma para derribar la indiferencia. Esa empatía solo la podemos aportar nosotros.

Haciendo eco de las palabras del religioso de la Basílica de San Juan Bosco, "solos no podemos". La única salida real ante esta tragedia nacional no es el individualismo del sálvese quien pueda, sino el sentido comunitario del salvémonos juntos. Debemos cuidarnos unos a otros. El sismo vino a recordarnos que quienes hoy sufren no son ajenos a nuestra historia, y que el verdadero valor de Panamá está en los brazos que hoy se extienden para levantar al caído en Herrera, Los Santos y Veraguas.

Que Así Sea.

 https://x.com/Rrodriguez0750/status/2109395265883083023?s=20

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