viernes, 30 de octubre de 2026

 Murió LEO

por Roberto Rolando RODRÍGUEZ

Quienes hacen daño psicológico o físico a un gato y a otros animales suelen presentar trastornos disociales o de personalidad, descargando su frustración en seres vulnerables. A estas personas, cuyo comportamiento carece por completo de empatía, les cuesta comprender el valor de la vida animal. Por ello, aprender a quererlos y protegerlos es vital para construir una sociedad más justa y compasiva.

Leo, la mascota comunal de La Lomita o Villas del Pinar (distrito de Arraiján Cabecera), tenía un año de convivir en el lugar. Contó con el apoyo de una voluntaria que le brindó verdadera comprensión, cuidándolo sin lastimarlo y respetando siempre su naturaleza independiente. Gracias a este esfuerzo, se le llevó a una clínica veterinaria para su esterilización temprana —evitando así la sobrepoblación callejera—, y se le garantizó un esquema completo de vacunación con visitas periódicas al veterinario. Rápidamente, Leo entendió que no se le imponían afectos, sino que se los habían ganado con paciencia.

Metafóricamente, Leo se constituyó como parte del escuadrón de conserjes de la comunidad. A pesar de contar con alimento seguro, a veces salía de cacería para no olvidar sus instintos felinos, una habilidad que dominaba con mucho éxito. El vínculo con un gato es único porque jamás es obligado; amar a un felino significa no forzar los abrazos ni invadir su espacio cuando busca aislamiento. Garantizar su bienestar va más allá de ofrecerle comida: implica asumir un compromiso a largo plazo para asegurar su salud física y mental.

Ante esto, me pregunto: ¿por qué existe el maltrato humano hacia los gatos? Lamentablemente, aún persisten falsas creencias y supersticiones negativas en su entorno.

La protección animal es una tarea colectiva que transforma realidades, recordándonos que "cambiar el mundo de un gato no cambiará el planeta entero, pero para ese gato lo es todo".

Hoy, ante la triste pérdida que comparto con mi hija —quien con tanto amor cuidó de este animalito—, pido por favor que no seamos cómplices del silencio. Es crucial reportar ante las autoridades locales cualquier acto de negligencia, abandono o violencia física, así como fomentar la empatía desde la infancia, enseñando que los animales sienten dolor, miedo y alegría igual que nosotros.

¡Hasta luego, Leo!






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