Murió LEO
por Roberto Rolando RODRÍGUEZ
Quienes hacen daño psicológico o
físico a un gato y a otros animales suelen presentar trastornos disociales o de
personalidad, descargando su frustración en seres vulnerables. A estas
personas, cuyo comportamiento carece por completo de empatía, les cuesta
comprender el valor de la vida animal. Por ello, aprender a quererlos y
protegerlos es vital para construir una sociedad más justa y compasiva.
Leo, la mascota comunal de La Lomita
o Villas del Pinar (distrito de Arraiján Cabecera), tenía un año de convivir en
el lugar. Contó con el apoyo de una voluntaria que le brindó verdadera
comprensión, cuidándolo sin lastimarlo y respetando siempre su naturaleza
independiente. Gracias a este esfuerzo, se le llevó a una clínica veterinaria
para su esterilización temprana —evitando así la sobrepoblación callejera—, y
se le garantizó un esquema completo de vacunación con visitas periódicas al
veterinario. Rápidamente, Leo entendió que no se le imponían afectos, sino que
se los habían ganado con paciencia.
Metafóricamente, Leo se constituyó
como parte del escuadrón de conserjes de la comunidad. A pesar de contar con
alimento seguro, a veces salía de cacería para no olvidar sus instintos
felinos, una habilidad que dominaba con mucho éxito. El vínculo con un gato es
único porque jamás es obligado; amar a un felino significa no forzar los
abrazos ni invadir su espacio cuando busca aislamiento. Garantizar su bienestar
va más allá de ofrecerle comida: implica asumir un compromiso a largo plazo para
asegurar su salud física y mental.
Ante esto, me pregunto: ¿por qué
existe el maltrato humano hacia los gatos? Lamentablemente, aún persisten
falsas creencias y supersticiones negativas en su entorno.
La protección animal es una tarea
colectiva que transforma realidades, recordándonos que "cambiar el
mundo de un gato no cambiará el planeta entero, pero para ese gato lo es
todo".
Hoy, ante la triste pérdida que
comparto con mi hija —quien con tanto amor cuidó de este animalito—, pido por
favor que no seamos cómplices del silencio. Es crucial reportar ante las
autoridades locales cualquier acto de negligencia, abandono o violencia física,
así como fomentar la empatía desde la infancia, enseñando que los animales
sienten dolor, miedo y alegría igual que nosotros.
¡Hasta luego, Leo!


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